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La Coctelera

La superficie más limítrofe

(El miedo a llegar a ninunga parte)

30 Septiembre 2009

I

Se deslizan,
y tu te mueres...
Se despegan del suelo
y vuelan libres,
entre lágrimas
y bocas tristes.
Se posan en las manos
de quién sueña,
respira, sangra y tiembla.
Dos horas después de la batalla
las caricias solas se queman
¿Y tu?...¡tu te mueres!

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30 Septiembre 2009

Carta de presentación

Hoy quisiera comenzar señalando, si cabe, que ya no me asustan los pesares. He dejado atrás a ese niño insatisfecho, dolido e irritado por las esquinas de la realidad. Un niño que se golpeaba contra el reloj de la mesura y la sinrazón. Admiro, hoy, la mirada impasible del viejo al que algún día daremos forma. Ese oscuro pensador, narrador de sus desgracias y borracho de nostalgia. ¿Un año más?. ¡Un año menos!.

Ven y acuéstate conmigo. Juro que no volveré a repetir una y otra vez las sandeces de una noche de verano. Sabes que el calor y las cosas que se respiran, de pronto, me hacen parecer más inútil de lo que algún día pensaste que podía llegar a ser. Aquí dentro, entre tus sábanas, no llueve. Intento dormir. El viento no me deja. La persiana se ha empeñado en rememorar alguna de las noches más inspiradas del Sr. Orff.
¿No lo sabes todavía?. Si. Claro que si. Necesito que me abrazes. Necesito que esta noche me lo hagas lento. Tan lento que parezca que es todo mentira. Tan lento que, cuando nos enseñemos las marcas del deseo, soñemos que nunca fuimos nosotros...

 

 

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"Yo sentía una naturaleza tal que mis necesidades físicas desplazaban a menudo mis sentimientos. Cuanto más reflexionaba, más cosas desconocidas y olvidadas sacaba de mi memoria. Comprendí entonces que un hombre que no hubiera vivido más que un solo día podría sin esfuerzo vivir cien años en una prisión. Tendría bastantes recuerdos para no aburrirse. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa donde había sido feliz. Entonces disparé cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que se hundían las balas sin que lo pareciese. Fueron cuatro golpes breves con los que llamaba a la puerta de la desgracia." (El extranjero. Albert Camus. Francia, 1913-1960)
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